domingo, 16 de agosto de 2009


Madre.


Formando el crepúsculo en tu vientre.
Creándome con la sangre de ti.
Gestándome en cada latido.

Manteniendo un soplo en tus venas.
Soy parte de ti como tu de mi.

El cielo se revuelca en su propio destino.
Para pronunciarnos en nuestro nacimiento.
Y en nuestro fin.

Formando un crepúsculo en tu ardiente memoria,
Desde gestación a nacimiento.

Los vientos soplan para escribir…
Lo que somos y seremos unidas.
Tan unidas como el vientre hecho carne.

Formando un crepuscular ambiente,
Volviendo la carne hueso,
Y el hueso carne.

Me has creado para vivir.
Como para morir algún día.

Soy semilla de tu atardecer,
Innegable prueba de tu amor,

Gestándome en mi vida,
Para una nueva reencarnación.

He vuelto a abrir mis ojos.
Para llamarte madre,
Para llamarte mi carne.

Viéndonos a los ojos.
Descifrando el día juntas.
Como cada invierno.
Como cada otoño.


No renegando la muerte misma,
No negando la vida misma.

Dando gracias al sufrimiento.
Por enseñanza de existencia.

No reprendiendo el pasado.
Sonriendo al futuro

Gestándome como en un ayer.
Por tus venas de torrente sanguíneo.

Sientes tanto como yo,
Amamos lo mismo.

Yo amando tu vida,
Tu rogando por la mía.

Madre eres en este crepuscular ambiente,
Y lo seguirás siendo.

La vida misma en ella misma.

Gracias por fecundación más florida.
Por gracia hecha vida.

Con tu propio cuerpo protegiéndome.
Con tu propia leche nutriéndome.

Como abejita en su dulce panal,
El dulce de nuestro amor.

Legado por generaciones.
El amor más puro que sentiré.

En tus abrazos descansa mi aliento,
En tus manos la prueba de tu esfuerzo.

Con el pan de cada día has creado.
Una existencia fortuita.
Una existencia agradecida.

Me he gestado con tu crepuscular…
Mando de vida.
Para mantenerme en la tierra,
Como las flores,
Como las flores Margaritas.

Blancas y lavando las penas en alegrías.

Somos parte de la misma puesta de sol.
Tú eres mi madre,
Yo soy tu hija.

Somos parte de una vida en ella misma.

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